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Los Soñadores de la Vida: básquet, amor y convivencia


La intención de dos amigos de trascender a través de la solidaridad y el beneficio del otro: la historia de un grupo de jóvenes con diversas discapacidades que encontraron su lugar en el mundo gracias al deporte de la naranja.

El club Huracán BB le abrió las puertas a la inclusión.



El deporte como excusa. Siempre el deporte. Para algunos, un salvavidas que alivia el pasar de un día a día que castiga en el bolsillo de los argentinos y que ir a una tribuna a ver, sufrir, disfrutar, amar, insultar, descargarse, vivir a flor de piel lo que ocurre con el equipo de tus amores se torna un pasar imprescindible. Para otros tantos, el despunte del vicio, con la pelota o el material que sea, para aspirar a ser alguien o simplemente para mantener el espíritu competitivo, amistades o rutinas.

Pero, ¿qué pasa cuando el deporte sirve para cambiarte la vida de un día al otro? ¿Qué pasa cuando el espíritu social, el apoyo desinteresado y pensar en el otro te lleva a la búsqueda de que aquellos que padecieron las benditas circunstancias de la vida tengan su lugar en el mundo para disfrutar de una comunión ideal, pacífica, real?

La historia de Los Soñadores de la Vida es una de esas que te ponen a pensar, que te dan a reflexionar y preguntarte miles de cuestiones, tanto internas como externas. Es la historia de dos amigos que fusionaron lo mejor que saben hacer para cambiar el mundo desde su pedazo de tierra, desde su rectángulo de juego, desde debajo de dos aros, con una pelota de básquet y jornadas repletas de sonrisas, diversión, abrazos y caricias al alma. Es una historia de inclusión, de la que son responsables ellos, Juan Pablo Flores y Oscar Nieva, unos “locos con ganas” que solo entregan su predisposición sin fines de lucro, y su grupo de chicos, para imponer la condición de “convivencia” en lugar de la tan mentada “inclusión”. Ese es el objetivo: despojar de roles, hacerle olvidar a un chico con Síndrome de Down, a otro con problemas de autismo, o a compañeros con dificultades sociales que los malditos prejuicios les digan donde pararse en la vida.

¿Quiénes son Los Soñadores de La Vida?

Los Soñadores de la Vida son un equipo de básquet, conformado por chicos de 13 a 33 años con alguna discapacidad mental, psicosocial o motriz, que saltó a la cancha de Huracán BB, el mítico club de San Miguel de Tucumán que recibe todos los miércoles, durante una hora, a este grupo en sus instalaciones de calle Francia al 39, a solo unos metros del Parque 9 de Julio. Tan grande fue la magnitud de lo logrado social y deportivamente que el proyecto nunca paró de crecer, los llamados de otras provincias no tardaron en aparecer para reforzar conceptos y experiencias de vida en un ámbito similar, y el temprano broche de oro: el reconocimiento de, nada menos, que la Legislatura provincial.

El surgimiento del grupo

Fue una idea conjunta que tuvo como uno de sus estandartes a Oscar Nieva, un muchacho que atraviesa las cuatro décadas, pero con un espíritu de barrio, rockero y amistoso que lo mantiene en esa búsqueda de aventuras y lo llevó a encontrar en su trabajo la razón justa, inculcada desde casa, para impulsar su responsabilidad social adquirida.

Yo trabajo en un grupo de autopartes, el mayorista Mipol Repuestos, donde hacemos una inclusión laboral. Tenemos tres chicos que trabajan con nosotros, hay chicos que están a cargo mío, durante la mañana trabajo con ellos en la inclusión”, manifiesta Oscar, dejando a entrever que la convivencia de cuatro meses de laburo con Los Soñadores, sumado a un lapso mayor con sus compañeros de empresa, empieza a dejar implícito y dado por sentado que sus “chicos a cargo” son personas con Síndrome de Down, a los que su forma de ser ya lo llevó hace rato a hacer vínculos personales y, más allá de ser colegas de trabajo, convertirse inevitablemente en sus amigos.

De ese grupo de cuatro empleados de Mipol, ya sea con el Gula Nieva a la cabeza o con el simpático y entrañable Turquito Namur, uno de los involucrados en el programa de inclusión de la empresa, surgió la idea: utilizar el básquet como la herramienta de ocio para ampliar y estrechar vínculos. Al menos fue la idea con la que Nieva llamó la atención de sus amigos, aunque la mente maestra ya estaba funcionando y fantaseando con un horizonte que fue posible. Y el sueño sembró su semilla. Esos chicos que gozaron la inclusión de la autopartista comenzaban a liberarse a un mundo nunca vivido, a una sociedad incubada en el sesgo de la mezquindad y la imposibilidad de aprender fácilmente a comprender al otro.

Los chicos nunca imaginaron que, al mencionar la palabra ‘básquet’ y seleccionar indudablemente y con contundencia este deporte como el motivo para la nueva aventura, no podían haber dado más en el clavo: el Gula prácticamente aprendió a caminar, decir sus primeras palabras y hacerse como persona en el Barrio Vial con alguien que vive por y para el básquet, alguien que no imagina su mundo sin la naranja y que el éxito que tuvo como jugador le da tiempo para destacarse en su temprana carrera como formador de basquetbolistas y personas. Ese es Juan Pablo Flores, el Pollo. Nombrarlo en su ámbito es decir “Huracán BB”, mencionar a su familia, ascendencias y generaciones posteriores, significa hacer referencia al Globito. Viene al caso que su retiro, luego de atravesar una campaña de doce camisetas defendidas como jugador, lo llevó a alcanzar la pasión por la formación para acompañar a su tío Gustavo como entrenador del primer equipo del club capitalino y para ampliar la dinastía Flores.

El segundo paso: un viejo amigo y la misma vocación

Emulando el recorrido hecho por Oscar (supongamos que usó el tradicional trayecto hasta la sede de Francia al 39 y no usó el WhatsApp para tirarle la idea al Pollo), el encuentro con Juan Pablo, ya enfocado en las infantiles, juveniles y la Primera de Huracán, nos topó con su actividad en pleno proceso: aros adaptados para nenes, familiares de los chicos afectados a una serie de amistosos entre el local y Juventud Unida de Los Ralos colmando las tribunas que rodean el vallado menor que divide al campo de juego, y una serie de mini “Ginóbilis”, “Campazzos” o “Victorianos” que, sacando a aquellos tocados que prometen llegar y hacer un nombre en el básquet local, al menos, te sacaban una risa simpática, ya sea por la desorientación de un chiquito de no más de 10 años, distracciones o dispersiones para llamar la atención de las mamás o papás que van a ver a su campeón.

Con el silbato descolgado, el sudor de una jornada pesada y la satisfacción de haber sellado la comunión entre los equipos con una mesa de panchitos y gaseosas para todos, Juan Pablo nos prestó ese tiempo de transición entre los mini partidos y el entrenamiento de su equipo de Primera (por si falta algo, selecciones provinciales juveniles son suyas y hasta gasta sus cartuchos como basquetbolista en la categoría Intermedia), para contar cómo concretó con su amigo de toda la vida ese proyecto de vida y básquet.

¿Dudó en sumarle horas de empeño a una agenda pesada? Ni cerca: “Oscar se contactó conmigo y desde el primer momento en que me dijo el tema de iniciar este proyecto, me surgieron miles de ideas, las estamos llevando a cabo”, reveló enfocando su mirada y concentrado en el andar y sonar de las ruedas de los patines sobre el parquet que las chicas de patinaje usaban cuando un equipo dirigido por el Pollo no estaba rebotando la pelota.

No me imagino la vida sin el básquet, es mi vida, hoy tengo mi mujer, mi familia, mis sobrinos en el club, trato de imaginarlo, pero no me veo de otra forma que no sea mi vida relacionada al básquet. En el club es como realmente soy yo, buscando todo el tiempo cosas nuevas para hacer”, esa es la forma de sentir de Flores, la de alguien quien a Los Soñadores les calzó perfecto: “hay que tratar de llevar adelante los proyectos, lo peor que podemos hacer es no intentar. Es preferible decir que no se pudo, no salió como lo esperábamos, y no quedarse con la duda de lo que podría haber sido. Las cosas que uno sueña o desea, hay que ir por ello, siendo responsables de lo que uno asume”.

Dicho y hecho, se intentó y se pudo. Los amigos se volvieron a juntar, distanciados por la mudanza de uno, aunque nunca fuera de contacto. Pero, ¿cómo sumar gente?, ¿cómo darle ese toque inclusivo en primera instancia para sostener un proyecto y sumarles a los chicos de Mipol ese complemento para impulsar desde el primer momento, aunque sea, una competencia sana? El desandar de los sueños y anhelos de Oscar lo llevó a aplicarle una “trampita” a Juan Pablo, y hacer de las suyas a sabiendas de que era lo mejor para este surgimiento.

Nos juntamos a charlar con el Pollo y le decía que no me quería abusar, me contestó que me daba una mano para entrenar a los chicos, además le consulté si podía sumar un par de chicos más. Me mira y me dice que por supuesto. Le dije ‘listo’, que iba a hablar con Joaquín (Castro, psicólogo) de Casa Grande, y yo ya había hablado (entre risas)”. Estaba todo listo, era cuestión de dar el salto inicial y luchar por ese sueño en marcha.

La incorporación de Casa Grande

Si la idea de la dupla Nieva-Flores era la de encabezar y formar parte de un grupo en el que prime la libertad de sus guiados, la tolerancia, el hallazgo de un lugar de esparcimiento, catalogarlos de manera igualitaria no solo en el deporte, sino en el camino a trazar, y la docencia, el contactar y recaer en Casa Grande para sumarle a dicho instituto horas de esparcimiento a los chicos que lo integran pareció, hasta el momento, la decisión ideal. La misión de este Centro de Día es la de liderar en su comunidad la inclusión social de personas con discapacidad “siendo reconocidos como innovadores en su asistencia a través de la creación de un Modelo propio ofreciendo Excelencia, Calidad y Bienestar”, entonces, el complemento con el deporte como motor impulsó una nueva forma de vivir.

A Casa Grande, los integrantes del hogar llegan por la discapacidad, debido a que necesitan asistir a un Centro de Día para cobrar la pensión. Ahí se ayuda a todo lo que comprende la parte de rehabilitación en lo grupal, se da contención emocional, otros solamente van por problemas de conducta al ser rechazados por instituciones convencionales.

Los conocimientos y prácticas “en dispositivos de salud con atención a personas con discapacidad” y a otros chicos, cuyas historias de vida fueron marcadas por impedimentos ligados a la conducta, son complementadas con Los Soñadores. Con Joaquín contactado, el incremento fue inmediato: “de tres chicos que empezaron, el número creció a 16, por eso ahora estamos viendo de traer más chicos y empezar a incorporar a las mujeres”.

Este registro lo lleva Lucas, uno de los psicomotricistas de Casa Grande del área pedagógica y de talleres que dicta la institución y, sobre todo, un enamorado de las ganancias emocionales que deja la nueva experiencia: “yo acá cumplo más horas de las que debería, la felicidad que te dan, la alegría y el entusiasmo que le ponen no tienen precio”. Es parte de la familia de mentores de Los Soñadores, así como lo consideran Juan Pablo y Oscar, quienes no se ven como la cara del trabajo y los logros obtenidos, sino como una parte del todo: “la cabeza somos todos los que formamos parte. No es solo una cabeza, es de todos, de los que se sienten partícipes de esto. No soy solo yo, Oscar Nieva, somos todos: Oscar, Juan Pablo, Luis (profe de educación física adaptada), Marcela (preparadora física), Lucas, los que tienen el compromiso”.

Y ese compromiso mencionado por Gula parece ser incondicional por parte de Lucas: “el proyecto de nosotros es acompañar a Oscar y Juan Pablo, nosotros ya somos parte de Los Soñadores, todo lo que se propongan es para acompañar”.

Proyecto diagramado, convocatoria abierta y sueño en marcha

Los miércoles dejaron de ser un día más para los chicos de Mipol y Casa Grande, que fusionados asisten puntuales cada semana a las 14 como el equipo de Los Soñadores de la Vida y que durante una hora, hora y media o dos, son tratados, acorde a la situación puntual de cada uno, como si la vida no girara alrededor de otros, ya no son ajenos, ya no son relegados. El mismo tono que el profe Flores utiliza con los chicos de infantiles o de Primera, las mismas ganas y el mismo desgaste de una garganta preparada para la complicada acústica del estadio Guido Reverso son puestos a disposición para que este grupo de luchadores se esfuerce al máximo y aproveche las ventajas para mejorar la motricidad, el humor y el compañerismo.

El último trimestre de cada año en Tucumán se manifiesta con el anticipo del verano que nos castiga, por lo que los entrenamientos de octubre se tornaron calurosos en un tinglado que hace sufrir a los que sudan a mares. Dicha coyuntura no limita las ganas de llevar adelante ejercicios y una rutina cuyo premio es el gran bidón de 15 litros de agua que aguarda a un costado de la cancha.

En qué consta un entrenamiento normal de Los Soñadores

La práctica del 23 de octubre redundó en una rutina estándar: el típico momento de saludos, abrazos afectuosos y sociales que lleva adelante un grupo consolidado. Ese cariño expresado enfáticamente por nuestros protagonistas es reconocido entre muecas de orgullo y nostalgia por el profe: “el primer contacto que tuve con ellos fue uno de esos típicos casos donde decís que son personas que conocés de toda la vida. Oscar les dijo ‘este es el Pollo’, vinieron y me dieron un súper abrazo, el súper abrazo que me dan todos los miércoles, el que les devuelvo yo a ellos”.

A continuación, acción: los 14 chicos que iniciaron la jornada realizaron un ejercicio de concentración y un ejercicio mental de una exigencia extra, con las limitaciones de los casos presentes por los profes, pero sabiendo que siempre un poco más se puede dar. Obviamente, las risas y satisfacciones por el logro conseguido eran celebrados como un triple de Campazzo en las semis del Mundial en el último minuto contra Francia.

Juan Pablo fue apoyado ese día por los infaltables e incondicionales Luis y Lucas, de Casa Grande, en el sustento mental y persuasivo de aquellos más dispersos, los que no pueden seguir con el ritmo de la media de la clase, o de los que sufrían algún percance, aunque su participación se incrementará con los partidos de la segunda parte de la clase y la exigencia de un juego en equipo que es indispensable para la integración y la convivencia lúdica: “¡pase, pase al compañero que esta sólo!”.

Finalizado el ejercicio de conos (o tortuguitas) en el que la precisión y la coordinación intentan ser afianzados antes del ansiado tiro al aro (con alientos y festejos de los profes ante las ejecuciones), la esperada entrega de pecheras y la elección de capitanes se festeja, no sin antes pasar por el necesario vaso de agua que refresque los mentirosos y cortos 27 grados que marca la famosa aplicación de la temperatura en el celular.

Si bien es todo comprensión, aliento y cariño, el orden y la disciplina no se negocian, y cada chico va a guardar su pelota a la utilería, cercana al portón de ingreso del club, para volver con el juego de pecheras y la única naranja que servirá para que los 15 chicos (se sumó uno en el transcurso de la práctica, se salvaron los profes y podrán armar equipos completos) se dividan en tres grupos.

Nunca es tarde para aprender: las reglas son marcadas puntualmente por Juan Pablo para adaptarse a los límites y prohibiciones que dicta el básquet, aunque con los permisos necesarios para hacer fluido el juego que constará en que aquel equipo que enceste un tiro desde cualquier punto de la cancha podrá seguir en el campo, el “perdedor” saldrá e ingresará el combinado de cinco chicos que aguarda entre vasos de agua y ansiedad por ingresar, además de aquel disperso que hay que motivar para hacerle saber que su turno llegó.

El ritmo frenético, solidario y entretenido llegó a su fin a las 14.57. El calor y el cansancio vencieron a las ganas de los chicos que volverán a su nuevo ámbito de convivencia dentro de siete días, con la esperanza y el pronóstico de los profes de ampliarlo a dos horas semanales en otra franja horaria, sin antes realizar el símbolo de la unión y el respeto entre todo un equipo que se junta alrededor del círculo central, extiende sus manos hacia el epicentro, las baja en conjunto y, luego de unas palabras de balance, expectativas y felicitaciones, se funde en un alzamiento de manos al grito de “¡LOS SOÑADORES!

Los beneficios físicos y psicológicos de los chicos desde Los Soñadores

Que hubo un antes y un después en la vida de una quincena de nuevos basquetbolistas con la llegada del proyecto no se puede negar. Es que la conducta y el bienestar físico fueron beneficios a los que fueron sometidos desde que forman parte: “en el comportamiento se puede ver más unión, más tolerancia con los compañeros, logran entender, antes no lo hacían, no tenían paciencia al no tener los mismos recursos, tanto intelectuales como físicos”, agregó Lucas, el hombre de Casa Grande, e indicó que “el mayor cambio que se puede ver es también un bienestar emocional, ya no son hechos a un lado porque tienen un lugar, otro lugar en la sociedad”.

Ahora ellos pueden decir orgullosos que van a jugar al básquet a un club. Un chico iba a jugar a un club, pero solamente por tener el carnet de discapacidad lo mandaban dos categorías más abajo, solo por eso. Ahora está jugando, tiene un equipo de básquet, eso no tiene ninguna paga”, ese es el valor que le dan a la inclusión que están logrando, ese sentimiento propio y genuino.

Un camino de rosas, con una espina dolorosa

Aquel entrenamiento de fines de octubre no contó con la presencia de Oscar. El Gula afrontó meses convulsionados por el cuidado de su madre, la Ramonita, un símbolo de los hinchas de Atlético Tucumán, quien atravesó sus últimos meses rodeada por el afecto de todos los que la querían y quieren a su hijo Oscar.

La estación de servicio Shell de la intersección entre la avenida Juan B. Justo y la calle Martín Berho, de la capital tucumana, fue el punto de encuentro señalado para que el Gula nos empiece a desandar el camino de Los Soñadores y su origen. Es que el local está ubicado a pasos del Sanatorio Regional, donde su mamá permanecía internada a causa del cáncer de estómago que se apoderó de ella y ante el que luchaba a los 74 años.

Tampoco fue un día más el que pudimos acercarnos a Oscar: era lunes y un día antes había sido el Día de la Madre: “ya no aguanté más ayer, no podía, mi vieja se sorprendía y me decía ‘¿qué pasa, por qué llorás? Me daba ganas de decirle… pasa que yo trato de entregarle lo mejor, y bueno, uno es ser humano, hay cosas que se le escapan”.

La mamá de todos los Decanos’ se fue en la madrugada del 12 de noviembre, luego de haber recibido el alta y luchado hasta el último día, rodeada de los amores que sembró durante su larga vida y celebrada por los valores inculcados a un hijo que trata de dejar su huella dándole una mano al otro en todo aspecto.

Ese miércoles 23 de octubre, el día de un nuevo entrenamiento, Los Soñadores de la Vida cerraron el turno y fueron partícipes del mensaje de apoyo y aliento por el alta que recibió ese mismo día la madre del Gula, con un video que quedó grabado en la memoria y el corazón de la familia Nieva: “te queremos mucho Oscar, ¡mucha fuerza para la Ramonita!”.

Las raíces y la herencia solidaria, los motivos del éxito de Los Soñadores

La solidaridad es un aspecto arraigado a la sociedad tucumana, pero suele surgir en ocasiones extraordinarias, de necesidad extrema y cuando se cae de maduro que el otro necesita una mano urgente. ¿Cuál es ese motor que día a día impulsa al Pollo y Gula a querer dejar parte de su vida para mejorar la del otro? La familia, los valores y pasar por el mundo con un objetivo.

Es una sociedad muy difícil, pero creo que hay que ir largando una semillita de eso, de a poquito. Quizás hoy te lo comenté a vos, vas con esa idea y se la comentás a otro. Peor sería tener ese pensamiento y que no hagamos nada, vamos a seguir con lo mismo”, sentenció Oscar en consonancia con alguna frase inculcada en esta crónica por Juan Pablo, y la remató: “hablando con mi vieja le decía que siempre tuve esa cosa de decir de pasar por la vida y hacer algo, dejar algo, una marca de algo, llegar a grande y decir ‘¿qué he hecho en mi vida, he dejado algo?’. A través de esto hablamos con los chicos y decimos, ‘dejemos esto y que perdure en el tiempo’, uno no sabe hasta cuándo está en esta vida, pero quiere que eso siga”.

El Pollo no tiene una idea muy lejana, por eso la fórmula funciona tan bien y tuvo su premio por la trascendencia en el poco tiempo: “los padres nos comentan que hay chicos que van a su Centro y con el grupo que comparten en el día a día no se sueltan, no pueden ser ellos mismos, y acá se sienten que pueden ser ellos. Los mismos padres nos dicen eso, que para nosotros es hermoso, que nos digan que a los chicos les sirvió. Estamos felices porque lo hacemos por amor, por satisfacción”.

El placer de la labor cumplida, trasladado a la Legislatura

Con solo un par de meses de desarrollo, el trabajo social destacable, el rol que les infunde un respeto innegable y la posibilidad de la difusión de una nota en La Gaceta, el medio gráfico de mayor arraigo en la sociedad tucumana, le sirvieron a Los Soñadores de La Vida para llegar a ser reconocidos por su labor inclusiva por la Comisión de Deportes de la Legislatura de Tucumán, llevada adelante por Ariel García, quien premió a una serie de destacados equipos, programas o deportistas locales. Un orgullo que, más allá de la satisfacción diaria, dio un fuerte impulso.

Fue el profesor Juan Pablo Flores el que tomó las riendas del equipo para participar en la Mesa Redonda del octavo piso de la Legislatura sobre la calle Muñecas 951 y se manifestó ante el legislador García: “nosotros estamos felices de tener este proyecto, de tener esta iniciativa. Esto más allá de un proyecto deportivo es un proyecto de vida. Tratamos de realizar un trabajo de inclusión social, educativo, que ellos realicen un deporte, más allá del deporte que sea, para nosotros es importantísimo. El apoyo que recibimos nos da la fuerza para seguir trabajando. Demuestran entrenamiento a entrenamiento que todo se puede lograr”.

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Ser alguien en la vida a través del prójimo, ese es el mensaje madre que transmitieron por meses y que prometen seguir haciéndolo durante 2020 como continuidad a un proyecto que promete ser el pionero en el básquet tucumano. Dejar esa semilla, que germine en almas escondidas similares a la de los Flores y Nieva. Cambiarle la realidad e integrar a quienes fueron relegados por este mundo cruel puede ser uno de los mejores sentimientos de satisfacción interna. Probar no cuesta nada. Por un mundo lleno de Soñadores de la Vida.

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